Profesor de ELE en apuros

Reflexiones, miedos, dudas, aciertos y desaciertos de un profesor de Español como Lengua Extranjera (ELE), interesado por la aplicación de las TIC y las técnicas teatrales a la educación, la literatura, el cine y el concepto de competencia intercultural.

jueves, 28 de mayo de 2009

Citas de Stefan Zweig sobre la apología del odio

Como ya he comentado con anterioridad, mi lectura de las memorias de Stefan Zweig me está aportando momentos de auténtico placer. Hoy quiero compartir algunas citas, extraídas de esta autobiografía del escritor, sobre la apología del odio en la que participaron muchos de sus coetáneos tras el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Más difícil que mi situación oficial era la que ocupaba en mi círculo de amigos. Con poca formación europea, viviendo en un horizonte plenamente alemán, la mayoría de nuestros escritores creía que su mejor contribución consistía en alimentar el entusiasmo de las masas y en cimentar la presunta belleza de la guerra con llamadas poéticas o ideologías científicas. Casi todos los escritores alemanes, con Hauptmann y Dehmel a la cabeza, se creían obligados, como los bardos en épocas protogermánicas, a enardecer a los guerreros con canciones e himnos rúnicos para que entregaran sus vidas con entusiasmo.


Ahora bien, lo más estremecedor de ese desvarío era la sinceridad de la mayoría de estos hombres. Los más, demasiado viejos o físicamente ineptos para el servicio militar, se creían honestamente obligados a colaborar con cualquier "servicio". Todo lo que habían creado lo debían a la lengua y, por lo tanto, al pueblo. Y, así, querían servir al pueblo a través de la lengua y le daban a oír lo que quería oír: que en aquella guerra la justicia se inclinaba únicamente de su lado y la injusticia del de los demás, que Alemania ganaría y los adversarios sucumbirían ignominiosamente... Y todo ello sin pensar ni por un momento en que de este modo traicionaban la verdadera misión del escritor, que consiste en defender y proteger lo común y universal en el hombre. Algunos, cierto, pronto experimentaron el amargo sabor del hastío de sus propias palabras, cuando se evaporó el aguardiente del primer entusiasmo. Pero en aquellos primeros meses se oía más a los que vocifereban con más furia y por eso cantaban y gritaban, aquí y allí, en un coro chillón.


Sus sentimientos eran sinceros y también lo eran sus intenciones, como las de todos aquellos escritores, profesores y patriotas de última hora. No lo niego. Pero no se tardó mucho en ver el terrible daño que causaron con su apología de la guerra y sus orgías de odio.


En aquellas primeras semanas de guerra de 1914 se hacía cada vez más difícil mantener una conversación sensata con alguien. Los más pacíficos, los más benévolos, estaban como ebrios por los vapores de sangre. Amigos que había conocido desde siempre como individualistas empedernidos e incluso como anarquistas intelectuales, se habían convertido de lanoche a la mañana en patriotas fanáticos y, de patriotas, en anexionistas insaciables. Todas las conversaciones acababan en frases estúpidas como: "Quien no es capaz de odiar, tampoco lo es de amar de veras", o en rudas sospechas.

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jueves, 7 de mayo de 2009

Reflexiones de Stefan Zweig sobre la educación

Leyendo las memorias de Stefan Zweig -El mundo de ayer: memorias de un europeo- me he encontrado algunas reflexiones sobre la educación que me han llamado poderosamente la atención. En realidad, no es éste el único tema en el que las reflexiones de este austríaco apátrida me han sorprendido. Tanto cuando habla de educación, como de política o sexualidad, sus palabras parecen estar aún vigentes y eso que las escribió hace más de 60 años. En definitiva, una lectura altamente recomendable.

A continuación quiero recoger algunas citas extraídas de estas memorias:

Porque, si he de ser sincero, toda mi época escolar no fue sino un aburrimiento constante y agotador que aumentaba de año en año debido a mi impaciencia por librarme de aquel fastidio rutinario.

Al observarlos [a los niños de los años 30], todavía se me antoja increíble que los niños de hoy hablen con sus maestros con toda la naturalidad del mundo y casi au pair, que corran a la escuela sin miedo y, no como nosotros, con una sensación constante de insuficiencia [...]

Ellos [los profesores] se sentaban arriba, en la tarima, y nosotros, abajo; ellos estaban allí para preguntar y nosotros, para contestar, aparte de ésta, no existía entre los dos colectivos relación alguna. Y es que entre el maestro y el alumno, entre la tarima y los bancos, entre el Alto visible y el Bajo igual de visible se levantaba la invisible barrera de la "Autoridad" que impedía cualquier contacto.


Recojo nada más estas tres citas extraídas del segundo capítulo, titulado "La escuela del siglo pasado", en el que da un repaso a la escuela en la que se educó. Un capítulo sólo calificable como delicioso.

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martes, 5 de mayo de 2009

Conflicto en La Arboleda

Hoy, desde este blog, voy a hacer un poco de periodismo callejero. Ayer estuve comiendo con la familia en La Arboleda, un antiguo pueblo minero de Vizcaya, muy cercano al pueblo natal de La Pasionaria, Gallarta. En este pueblo pueden comerse las mejores alubias de la zona.

El tema es que durante el pasado mes este pueblo se ha visto sacudido por una rebelión vecinal en contra de la decisión del Gobierno Vasco de realojar a una familia de etnia gitana, a la que los vecinos consideran muy conflictiva. Aquí puede leerse algo de información sobre el asunto y ver un vídeo que ilustra bastante bien la tensión que se respira en el pueblo. Aprovechando que estaba allí y que había llevado mi cámara, me dediqué a sacar algunas fotos. Puede que alguna de ellas sirva para un interesante debate en clase sobre el asunto.


Enlace al álbum de fotos

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